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Ecosistemas

Ecosistemas

Una de las incoherencias mayores que refleja la actual asignatura de ciencias naturales es que, teniendo medios y recursos para trasladar el aula a la calle, no se haga.

¿Qué quiero decir con esto? Que si la mayoría de los contenidos curriculares de esa asignatura se estudiasen en el medio sería mucho más atractivo que, simplemente, memorizar conceptos abstractos.

Realmente, se podría hacer igual con muchas asignaturas: matemáticas, historia, música… pero ciencias naturales es más evidente.

Cuando estudiamos la clasificación animal, los insectos, las aves, rastros y huellas, los mamíferos, los tipos de árboles, la diferencia entre sus hojas, la agricultura, la meteorología, los tipos de suelo, los ecosistemas, las materias primas, las materias transformadas, los sentidos, los músculos y los huesos, los aparatos… se nos presenta un mundo de posibilidades en el exterior que nos rodea.

Este mundo, nuestro mundo, es el real. En él vamos a encontrar todos los recursos necesarios para que los niños experimenten y aprendan, de modo activo, todo aquello que viene en el libro y que es aburrido porque no se puede tocar.

Además, podemos regresar al aula y representar, de modo artístico, por proyectos, por grupos, investigando y preguntando todo aquello que hemos descubierto en el exterior. De ese modo quedará constancia de lo aprendido y podremos utilizarlo como medio de evaluación y, lo más valioso, es que esos conceptos no los olvidarán jamás.

Así es como realmente se aprende y sirve para algo.

Os voy a contar una cosa muy personal.

Mi padre fue un gran naturalista. Amaba a los animales, participaba en algunas asociaciones dedicadas a su estudio y cuidado. Le apasionaban las plantas, pasear por un bosque o cultivar sus propias hortalizas. Tenía, siempre, un jardín precioso donde los olores y los colores transmitían su amor por las flores.

Con un papel y un lápiz era capaz de dibujar al detalle una planta concreta, un ramillete de frutos o un jilguero.

Algo que cuento muchas veces, y que jamás olvidaré porque me marcó de por vida, fue cuando una “guppy”, no podía parir (son vivíparos). Estaba a punto de morir ella y los pececillos que trajese vivos. Se dió cuenta de lo que ocurría. Sin dudarlo cogió una tabla de cocina, una cuchilla y le hizo una cesárea improvisada. El resultado fue que la guupy, tristemente, falleció, pero todos los minipeces que traía vivos salieron adelante.

Los cogió uno a uno con mucho cuidado y los fue introduciendo en una paridera en el acuario y, poco a poco, fueron creciendo y alegrando al resto de sus compañeros marinos.

Una vez me contó, en una conversación larga, de las que no olvidas jamás, que su pasión por la naturaleza le venía de un maestro que tuvo de pequeño. Se llamaba Santos. Él consiguió despertar en mi padre, e imagino que en otros alumnos, la inquietud por lo natural, por la ecología, por la esencia de la madre Tierra, por el cosmos, por las estrellas, por los continentes…

Y, gracias a ese maestro, durante toda su vida estudió sobre el tema y lo llevó a la práctica. Bueno, y también llenó una casa entera de libros, jejejejejeje… que era otra de sus pasiones: la lectura. Supongo que por eso yo soy también una lectora empedernida.

Somos cinco hermanos y, en general, nos apasiona también a todos la naturaleza.

Mi consejo:
Maestros del mundo, sacad las aulas a la calle.
Padres del Mundo: sacad a vuestros hijos a la naturaleza.

Allí es donde aprenderán la verdadera esencia de su propio ser y aprenderán a amar y cuidar lo más importante.

Lola

3 comments so far

carmenPublicado en11:24 am - May 23, 2017

Bien, bien.
Bonito y educativo

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