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Huella ecológica

Huella ecológica

¿Recordáis cómo funciona un ecosistema? Estoy segura de que todas y todos lo hemos estudiado. Y no una, sino varias veces a lo largo de nuestra etapa escolar y de educación secundaria. En cualquier caso, os lo voy a recordar brevemente.

La energía proviene, principalmente, del sol. Es absorbida por las plantas, que se las comen los herbívoros, que son comidos por los carnívoros. Al morir, cualquiera de ellos, constituyen la dieta de los carroñeros y los residuos que se generan en todos estos procesos son descompuestos por hongos, bacterias y algún bicho más, de esos diminutos, que parece que no tienen ningún papel en la vida.

Todo el residuo final resulta que es alimento para las plantas y el ciclo comienza de nuevo.

En la Naturaleza, no hay residuos indestructibles. Todo se transforma en beneficio de otros que lo utilizan para desarrollarse como seres vivos. La huella ecológica es inapreciable.

Ahora vamos a analizar un paso más allá esta huella, una vez que el ser humano entra en escena. Lo llamaríamos ecosistemas humanizados. El hombre se convierte en el actor principal y el resto de seres vivos son figurantes, actores de segundo plano, y así es como les tratamos.

El hombre entra en escena y comienza a probar, investigar, producir, crear, fabricar, fusionar, abandonar, enlatar y a realizar muchas más acciones que terminan en “ar” y que generan unos residuos indestructibles y altamente contaminantes. 

La huella ecológica es la cantidad de superficie terrestre que cada ser humano necesita para desarrollar su vida, según el modelo económico y de desarrollo de la sociedad en la que habita. Sociedad que, por supuesto, decidimos y creamos nosotros.

Como podréis imaginar, no serán iguales mi huella ecológica, que habito un lugar urbanizado, con unos servicios, con luz y agua que vienen desde vete a saber dónde, que un bosquimano en una aldea de Namibia, en medio de la sabana.

El resultado del análisis de nuestra huella ecológica estará expresado en kilos de basura producida, litros de agua potable consumida, litros de combustible utilizados para movernos o para que muevan los productos que compramos, extensión de cultivos necesaria para producir el alimentos que consumimos, en forma de vegetal o de carne y, así, un largo etcétera. 

Ahora, que estamos acostumbrados a videojuegos de esos de supervivencia que nos llevan a lo largo de grandes extensiones de terreno virtual para conseguir alimento y materias primas para fabricar armas o utensilios, nos resultará más fácil comprender o explicar cómo sería nuestro terreno virtual necesario para abastecernos de todo lo que consumimos y utilizamos a diario. Nos hace ver que es mucho más grande que nuestro cobijo, sea el que sea. Que va mucho más allá de nuestra parcela. Que nos corresponde un pedazo de depuradora, de escombrera, de plataforma petrolífera, de campo de cultivo, de matadero, de bidón lleno de materiales radiactivos, de plástico flotando en el mar, de bosques arrasados, de animales y plantas extinguidos, de atmósfera contaminada… 

Que nuestra huella ecológica, per se, ocupa bastante espacio. Que los habitantes que no viven en los denominados países ricos es mucho menor que la nuestra. Que, ambientalmente, son insostenibles las grandes agrupaciones humanas. Que lugares como Las Vegas o Dubai no deberían existir. Pero que también podemos hacer mucho para reducir nuestra huella ecológica.

En eso nos enfocaremos unos cuantos martes más. De momento, sería interesante que buscáseis algún test (existen muchos en internet) para calcular vuestra huella ecológica, tomar conciencia, comentarlo y descubrir que, con pequeños gestos, esa huella se reduce y nos hará sentirnos mejor con nosotros mismos y con el Planeta.

Lola Blanco

www.elcirculodelola.com

 

Lola

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