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La Madre Tierra

La Madre Tierra

Ayer, 22 de abril, se celebró el Día Internacional de la Madre Tierra.

Realmente, no sé qué significa para algunos pero para mí significa mucho. Me recuerda la importancia de la toma de conciencia, de la atención a lo importante, de la responsabilidad que tengo para con el Planeta, como persona y como ser vivo.

Me recuerda que la pérdida de la biodiversidad es uno de los mayores problemas ambientales que padece la Tierra y, por ende, nosotros. La pérdida de biodiversidad nos lleva a la pérdida de posibilidades tan importantes e imprescindibles como la conservación de la salud.

Con cada especie animal o vegetal que desaparece, también lo hace la solución a la tuberculosis, al cáncer o a una enfermedad rara.

Pero, ¿realmente hay posibilidades de resolver este problema que parece que ya no tenga vuelta atrás?

Siempre hay posibilidades y, como diría mi padre, siempre hay esperanza. No está fácil la cosa, la verdad. Hemos llevado a la Tierra a un punto de casi no retorno. Estamos devastando los bosques, fuente principal de biodiversidad, hasta límites sospechosos.

Pero… realmente, y a nivel doméstico, familiar, cercano, que es donde tenemos absoluta responsabilidad, ¿qué podemos hacer?

En primer lugar, la educación ambiental y de responsabilidad para la sostenibilidad, que debería ser una asignatura obligatoria en el currículo escolar, podemos estudiarla por nuestra cuenta.

Hoy, con toda la información a nuestro alcance, a un solo clic, podemos estudiar en profundidad cada paso que damos, cada decisión que tomamos con respecto a los productos que consumimos, a la casa que habitamos, a las vacaciones que disfrutamos, al coche que nos compramos…

Esta es una buena manera de hacer las cosas. Tomar la decisión correcta y consciente para aportar a la vida.

Otra consideración que tenemos que tener en cuenta es, además de cuidar del Planeta, cuidar de nosotros. Y esto, si cabe, es más sencillo aún. Podemos empezar por ponernos en valor frente a la oferta de mercado respecto a las cosas con las que convivimos y necesitamos a diario. Frente a los productos con los que nos alimentamos.

Tenemos dos valores importantes: nuestro cuerpo y nuestra mente. Pero no podemos olvidar que lo que alimenta nuestro cuerpo-mente es cada poro de nuestra piel.

Yo siempre digo que nos protegemos de la intemperie con nuestras tres pieles: la propia de cada uno, la ropa que elegimos y el habitáculo donde nos cobijamos.

Casi nada: tenemos la suerte de estar envueltos por tres capas.

Por tanto, ¡qué importante es elegir bien esas tres capas!

En alguna ocasión ya os he hablado de lo vital de cuidar la alimentación y los productos de higiene para gozar de una buena salud, pero también quiero destacar la importancia de mimar la selección de las otras dos capas: ropa y cobijo.

Teniendo en cuenta que a través de nuestra piel también se alimenta nuestro cuerpo, pondremos sumo cuidado en la atención a la misma. No nos proporciona el mismo confort y salud un tejido sintético que uno vegetal. Y, no es lo mismo, desde luego, un algodón de cultivo extensivo industrial, donde el uso de pesticidas es absorbido por él que un algodón procedente de cultivo ecológico con el que han fabricado un pantalón que uso, una camiseta o unas sábanas con las que me arropo y me cubren durante unas cuantas horas al día.

Igualmente ocurre con los materiales con los que se ha construido mi casa, la oficina donde trabajo o la escuela donde estudian mis hijos.

Indagando páginas que contengan información interesante sobre estas cuestiones y muchas más, como por ejemplo qué tipo de grapadora elegiría, donde comprar un cuaderno de procedencia sostenible, etc., he encontrado esta web que os recomiendo bicheéis: www.materialesecologicos.es.

Hay bastantes datos que os pueden servir para empezar. De todos modos, ahora que me he puesto a hablar de pieles y cobijos, os escribiré un día un artículo más concreto sobre ello. Sobre la importancia de que nuestro hogar sea sostenible y ecológico. Lo haré pronto.

Lola

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