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Soberanía alimentaria.

Soberanía alimentaria.

Cuántas veces os he hablado de la importancia de llevar una vida sana. Muchas. Aun así no me cansaré de recordarlo porque nuestro cuerpo y nuestra mente lo necesitan.

Escribiendo el otro día un post sobre la época en la que impartía talleres sobre slow food, recordé lo que les contaba a los alumnos durante la parte teórica del taller.

Les hablaba de la importancia de alimentarnos de la mejor manera posible, porque lo que comamos será lo que nuestro cuerpo tendrá como combustible para crecer, moverse, estudiar, trabajar… vivir en definitiva.

También les hablaba de algo que para mí es muy importante: consumir local y ecológico. Dos factores importantes si queremos salvaguardar la vida.

Hoy quiero recordarlo aquí.

La soberanía alimentaria, según la wikipedia, es la capacidad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria.

Parece una frase, políticamente correcta, para salir del paso, pero no, va mucho más allá. Empoderarnos como consumidores, productores, distribuidores o difusores de una de las cosas más importantes que debería preocuparnos, que es nuestro alimento, nos hace tener las riendas sobre nuestra salud y la de nuestras familias.

Cada decisión que tomamos cuando adquirimos un alimento tiene una causa efecto enorme en nuestro cuerpo, nuestro entorno y en el mundo. Nunca será lo mismo comprar naranjas españolas, si vivimos en España, por ejemplo, que importarlas de otros lugares del planeta.

Ya no solo deberíamos pensar que su calidad y los nutrientes que nos va a aportar son dudosos viniendo de lejos, sino que estamos, además, aumentando la huella o la mochila ecológica que rodee a ese producto y que, por tanto, estamos perjudicando al planeta.

Hoy en día es muy sencillo localizar personas que están esforzándose en proporcionarnos este tipo de alimentación. El otro día, visitando a unos amigos de la provincia de Toledo, conocí una granja muy interesante. Se llaman productos ecológicos Dehesa El Milagro.

Me ha gustado mucho su proyecto, lo que hacen por los demás y la gente que trabaja allí. Se respira felicidad, jejejejejeje… y todo tiene muy buena pinta.

Si os pilla cerca, deberías conocerles.

Además del tema de la selección de la materia prima para llenar nuestras neveras, deberíamos tener en cuenta también la manera en la que después vamos a procesar los alimentos.

Yo estoy muy contenta. Os cuento mi experiencia. Me encanta cocinar pero, últimamente, con tanto quehacer, no me paraba todo lo necesario para preparar los platos que antes preparaba y decidí comprarme una olla de cocción lenta a principios de año. A mitad de abril ya tenía dos y estoy más que encantada. Incluso echo de menos una pequeña para preparar salsas, jejejejeje…

Sabores, olores, vitaminas… todo mejora con esta manera de cocinar y, además, me permite dedicar más tiempo a mi trabajo y a mi familia porque estoy más liberada. Y, así, cuando tengo tiempo y cocino con calma, como antes, lo disfruto mucho.

Resumiendo: consume ecológico, consume local y cocina lento.

😉

 

 

Lola

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